Gracias por todo Themo

Nota: La siguiente columna de vuestro humilde servidor fue publicada en la edición de hoy del diario El Sur. Se las comparto acá, a modo de homenaje a uno de los arquitectos de mi infancia, don Themo.

Hoy es un martes negro. Despedimos a Themo Lobos, uno de los padres fundadores de la ilustración y del cómic nacional, creador de personajes que crecieron junto a miles de chilenos que disfrutaban semana a semana de Mampato o Cucalón.

Dueño de un estilo de dibujo único, Temístocles Lobos (es comprensible que haya elegido Themo como seudónimo) también nos deleitó con sus guiones, historias cargadas de enseñanzas que complementaban los contenidos del colegio (una gran excusa para leer cómics) como de valores para la vida. La amistad, compañerismo y generosidad expresados con la maestría de quien, con la simpleza de un niño, es capaz de explicar conceptos complejos.

En mi caso, descubrí a Themo Lobos gracias a una pequeña historieta que explicaba los beneficios de la energía nuclear, que fue distribuida de manera gratuita en los colegios (al menos en el mío), que se convirtió en punto de partida para leer y releer los ejemplares de Cucalón disponibles en la biblioteca, donde rellenaba horas de esperar que mis padres llegasen del trabajo. Puedo decir, con orgullo, que en mis jugarretas infantiles siempre estuvo Mampato y Ogú. Hasta hoy nos juntamos de cuando en cuando. Buen viaje, Themo.

Batman, el eterno culpable

Como consecuencia del tiroteo en Estados Unidos, se ha desatado una sicosis colectiva, donde hay voces que sugieren que la mezcla de superhéroes y cine pueden desencadenar una tragedia. Lamentablemente, esas opiniones provienen desde los medios de comunicación hasta líderes chifladamente religiosos.

Premonitorio. El final de “El Caballero Oscuro”, notablemente dirigida por Nolan, apunta a Batman como el responsable de todos los males que caen en Ciudad Gótica. Aunque no sea su culpa. Ni un ápice. Pero es su destino voluntariamente aceptado: asumir lo que viene en pos del bien común. Todo por Gotham y su gente. Que le persigan es parte de su ingrato trabajo y los espectadores lo aceptamos porque sabemos que ese tipo de nobleza solo puede emanar de un tipo como Bruce Wayne. Un superhéroe, un meta-hombre. Totalmente aceptable dentro de la imaginería que compramos cuando pagamos una entrada al cine o disfrutamos de un comic. Claro, se trata de una película o de una libretita con dibujos inventada para crédulos o niños, una fantasía diseñada por y para la maquinaria de la industria del entretenimiento. Lo que pasó en Denver es la cruda realidad: familias destrozadas en manos de un sicótico que se metió a un cine a disparar, influenciado por… ¿una película, una historieta? Tal vez la pregunta correcta es ¿de verdad una película o una historieta te llevan a ejecutar una masacre? Lamentablemente, el rumor y la especulación sin fundamentos, tanto en los medios tradicionales como en Internet, han comenzado, con argumentos tan sólidos como que “en los comics de Batman, del año 1832, hay una referencia a un desequilibrado disparando en un cine” o “hay una profecía de Nostradamus, vinculada al fin del mundo maya, que ya lo decía” o peor aún, el simple hecho de que la gente se asusta muy fácilmente y cualquier argumento suena bien. Por sobre todo, el clásico “si lo dicen en la televisión, debe ser verdad”. Tal como en la época de la inquisición, donde un cátaro, con su increíble riqueza cultural, era visto como el demonio en persona, hoy cualquier hijo de vecino es sospechoso: baste recordar que se canceló el estreno del film en París. Bueno, los franceses se rinden históricamente fácil en los enfrentamientos. Por supuesto, cuando pasan este tipo de cosas, hay que encontrar al chivo expiatorio lo más pronto posible: estúpidamente se ha dicho que la causa podría radicar en las viñetas del comic “The Dark Knight Returns” de Frank Miller, Lynn Varley y Klaus Janson, pues se asemejan al tiroteo en el cine, donde el pistolero entró disfrazado de Bane, el villano de la tercera entrega de Nolan. Aclaremos algo: James Holmes, el asesino, NO entró al cine disfrazado de Bane interpretado por Tom Hardy: esto es una explicación sin sustento. Para empezar, Holmes entró al recinto con una máscara antihumo y un chaleco antibalas. La similitud entre el personaje de ficción (léase película o comic) y el asesino es una desafortunada coincidencia, pero no quiere decir que llegó “vestido de Bane”. Rumores, benditos rumores. Crédulos, benditos crédulos. Es tan básico como este ejemplo: Dios es amor, el amor es ciego; Stevie Wonder es ciego. Por tanto, Stevie Wonder es Dios. Esperemos que en nuestro país, grupos radicales no se opongan al film, no sólo en beneficio de los que amamos los comics, si no porque estarían confundiendo peras con manzanas. Y si su postura está en contra, recuerden que a Stevie Wonder le encanta la saga de Batman dirigida por Nolan. Y Stevie Wonder es Dios.

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